viernes, 10 de abril de 2009

SIEMPRE ES AHORA
Intenté hacerla llegar este mensaje
lo escribí en un papel
y lo enrosqué en la pata de la paloma mensajera
pero ese día llovió
y así la llegó la frase
EMPR E ORA

SIEMPRE SERÁ AHORA
así se lo dejé dicho al mensajero
que avanzó en las tierras enemigas
sorteando bombas y metralla
pero cuando llegó a su destino
hizo un alarde de mala memoria
SIEMBRE Y AHORRA

Así que me dejé de tonterias
y lo puse en mi facebook

miércoles, 8 de abril de 2009

HNHL L KJRORPRO DI KRJISTRO (Segunda parte -y final-)

Emilio, el vaquero del pueblo y dueño de la vaca pagana, se enteró del incidente y fue a visitar a Apolonio.
- Apolonio, ya me he enterado de lo que pasó. ¡Cómo se te ocurre volver a andar jodiendo con mis vacas! ¡te lo tienes merecido!
Apolonio, aún convaleciente, pareció recobrar la salud y respondió con energía.
- Mmiljio, ¡eja bjertria dl kamopnl kja ddos!
Emilio entendió que el cura dijo algo así como que esa bestia del campo no era hija de dios.
- ¡Ah, sí! ¡Que sepas que esa bestia del campo no será de dios, pero que produce la leche que bien te bebes cada mañana cabrón! y no es una bestia del campo ¡se llama Amelia! ¡Acaso te llamo yo a tí bestia de iglesia! y toma, te he traido granos de polen para que te cures esa garganta.
Apolonio se hizo pequeñito, recuperó la enfermedad y se limitó a decir un distorsionado "grazzfiaj".
Pasaron los días, Apolonio recuperó la salud, más no la voz, y volvió cierta normalidad al pueblo.
Más por pena que por fé, la parroquia siguió yendo a misa, a pesar de que no entendían ni amén. El cura, aún consciente de que su mensaje llegaba hecho añicos, continuaba dando la homilía. En parte fiel a su cabezonería y en parte obligado por la ausencia de sustituto, hablaba al pueblo con la misma potencia, clarividencia y rotundidad, pero sin la misma respuesta de antaño.
La gente conocía las pausas tras cada oración, las respuestas a cada letanía, e intentaba ayudar a Apolonio repitiendo la estructura de la misa como seres autómatas.
Con el tiempo, y poco a poco, dejaron de ir Pedro, luego Nicasio, y luego Jesús.
Al cabo de dos años, tan sólo acudía ya María, la más vieja del pueblo, y Eugenio, el ermitaño que solo salía de su campestre soledad para ir a iglesia. Así fue el final de la última misa del pueblo:
- Nbub mjnopdwb dbuibhs dhwduih.- Dijo Apolonio.
- Y con su espíritu.- Respondieron María y Eugenio.
- BKIn BYG nkinmlb bub.- Los dos buenos cristianos interpretaron la pausa de Apolonio como un punto.
- Demos gracias al señor Dios.- Dijeron al unísono.
Apolonio agachó la cabeza y rogó al Señor que les perdonara, porque María tenía buena intención al responder a su incomprensible frase aunque no la hubiera terminado. También pidió por Eugenio, el solitario ermitaño que recitaba de memoria las respuestas interpretando los gestos de María, porque el pobre hombre, era sordo.

jueves, 2 de abril de 2009

HNHL L KJRORPRO DI KRJISTRO (Primera parte)

Era un pequeño pueblo castellano, cercado por un horizonte ocre infinito, y amenazado por un cielo inabarcable.
La misa dominical era uno de esos actos colectivos que daban sentido al respirar. La coartada para justificar la existencia.
Así lo debía pensar el pueblo, que acudía a la cita de los domingos con puntualidad, devoción y ropa limpia. No faltaba ni Pedro, el loco del pueblo, que iba siempre embutido -ése es el término- en el vestido de novia de su difunta madre, ni Jesús, el alcalde que pasaba más tiempo en la capital con su amante, que en el pueblo con su mujer, ni Nicasio, el lechero que cada vez echaba más agua a la mezcla para ganar más pesetas. Ahí estaban siempre Maria, que tenía que hacer de pastor a diario porque su marido, el verdadero pastor, era un vago, y Eugenio, el ermitaño que solo salía de su campestre soledad para ir a iglesia.
Ni el cura, Apolonio, faltaría más. Era ya anciano, y el único cura de la provincia. Por ello tenia que viajar a los pueblos, uno distinto por día, para dar la posibilidad de confesión, compañía a los mas mayores y comida a los mas desfavorecidos. Leía la palabra incluso a las bestias del campo. Era gracioso verle declamar las “Bienaventuranzas” a las lagartijas que huían endemoniadas entre las piedras.
Y así giraba la rueda del molino, domingo a domingo, con la parroquia completando el aforo de la pequeña iglesia del pueblo. Hasta un domingo en el que Apolonio no acudió a su cita con los feligreses. Al parecer, tratando de cristianizar a una vaca satánica con las “Cartas de Filemón”, el malogrado cura recibió una tremenda coz en la boca que le dejo desfigurado, confuso y ciertamente mosqueado.
De aquella se recupero, pero quedó ajada su voz, con la consecuencia de que toda frase emitida por sus cuerdas vocales quedaba irreconocible.

viernes, 27 de marzo de 2009

LA PERSPECTIVA JERÁRQUICA DE LA MUERTE

La idea de la muerte ronda sobre nuestros cogotes como un grupo de buitres negros. Una realidad siempre abstracta, pues aunque nos hartemos de asegurar que sólo hay una cosa segura en la vida, y esa es la muerte, en el fondo desconfiamos de que “eso” nos pueda pasar. Por muchos cadáveres que veamos, nos resistimos a creer que vayamos a acabar así algún día.
Algo absurdo, pues como bien dice Umbral, llevamos la muerte con nosotros, ya que nuestros cadáveres pasean con nosotros. Visualicen el programa de éxito “Lluvia de gusanos” en el que un siniestro Bertín Osborne cantaba aquello de “dentro de ti, hay un cadáver”. Recuerden; bajo sus pelos, su piel, su carne lucen sus huesos y su calavera. Deberían ir de luto.

Al grano. Cada día me cansa más la dictadura de la jerarquía de los muertos. Y es un tema que me arrebata a diario, pues es rutina ver en los informativos como un señor de corbata nos actualiza el obituario, añadiendo otra cuenta más al archivo de fallecidos. Son los más celebres, aquellos que protagonizan un mayor tiempo en la escaleta, los que más me enferman.
Según los libros de religión de Anaya, la editorial en la que escriben los nuevos apóstoles, los muertos que se llevan el premio (el cielo) son los que han sido más buenos.
Según “El Mundo”, que dirige el enterrador Pedro J, coincidiendo con la concepción que tiene también el mundo con minúscula, la importancia del muerto no depende de su bondad. Depende de los siguientes condicionantes:
1.- el morbo.
2.- el oficio desempeñado.
3.- los motivos de la muerte.
4.- la aportación artística.
5.- la complicación a la hora de pronunciar el apellido.
No importa si usted es un jardinero genial, un taquígrafo dedicado o un barrendero de leyenda. Su expiración no será retransmitida.
Así pues, hoy en día, y en contraste con el dogma cristiano, el obituario de una buena persona, como Vicente Ferrer (el pobre está knockin´ on heaven´s door), ocupará el record de tres columnas, y en cambio la muerte del famosete, asesinado violentamente, artista de turno, puede que incluso un suplemento especial.
Pero eso no es lo peor. El origen de mi reflexión viene por Marta del Castillo. Sobre toda la imagen de los cientos de personas agolpadas frente a la comisaría que gritaron “asesinos” e “hijos de puta” a los presuntos homicidas. Los millones de personas que sentirán algo, aunque solo sea por unos instantes, cuando aparezca su cadáver. Los cientos de personas que llorarán en ese momento. Sentimientos dirigidos, y provocados por la muerte de alguien que no nos es conocido (más que por unas fotos del tuenti) y que, no sabemos si a ciencia cierta, y a nadie le ha importado, era una buena persona o no.
Cada detalle morboso conocido amplia la lista de invitados a su entierro por miles. Si no hubiera estado desaparecida no hubiera ocupado más de una noticia en la página de sucesos.
Me opongo a la dictadura de la jerarquía de muertos. Si alguna vez me importa la muerte de alguien famoso será porque me ha enseñado cosas tan importantes como me pudiera haber enseñado un familiar o un amigo. Y esos casos serán los menos.
La sociedad es carroñera. Se alimenta en los cementerios.
Yo, y en mi nombre el cadáver que habita en mi interior, escribimos esto porque tenemos la seguridad de que la lista de condicionantes variará en el futuro. Esperamos que dentro de 50 años, en el top ten thanatos, aparezcan los bloggeros famosos.