sábado, 25 de abril de 2009

LA SOMBRA (Cuarta parte)

Los siguientes días transcurrieron con prisas y sin pausas. Gorka y yo nos fuimos conociendo en profundidad. Yo ejercí de protector, e incluso de padre. Enseguida noté un desvarío inconsciente en la actitud de mi ahijado, sobre todo cuando aparecía en escena Rosa, la de la limpieza, quien a pesar de sus 32 años aún poseía una belleza adolescente.
Cuando uno, como yo, vive, duerme, sueña, come y caga en la cárcel durante once años, se da cuenta de cómo y en qué momentos cambia su forma de ser, y de entender. En este tiempo he tenido algo de lo que carece el resto de la gente. Tiempo. En algún cruel sentido, el encierro es un regalo. El tiempo me ha hecho reflexionar sobre mi vida, sobre mí, me ha hecho pulir mis errores, enfrentarme a mis temores, solucionar mis conflictos. La gente que sale de la cárcel tras pasar un largo periodo, es mejor persona que los que siempre han sido libres.
Todo esto se lo intenté inculcar yo a Gorka, que por primera vez en su existencia, parecía comprender.
Con las largas conversaciones que manteníamos, en ninguna de las cuales recordábamos nuestros delitos, olvidé el calendario de actividades que tenía planificado. Fuimos compartiendo las experiencias y nos hicimos buenos amigos. Le recomendé el libro de poemas que tan importante fue para mí; una antología de Wordsworth. No solo le encantó, sino que lo entendió al instante. A los tres días, podía recitarme el poemario entero. Y cuando lo hacía, una intensa emoción recorría mi cuerpo como nunca antes nada, ni nadie, lo había logrado.

viernes, 24 de abril de 2009

LA SOMBRA (Tercera parte)

El lunes no me desperté por la mañana. No me desperté porque no había dormido. Los nervios. Luis, el vigilante de mi zona, vino a las nueve a abrirme la celda. En un inhabitual silencio, le seguí por los pasillos hasta llegar a la puerta de entrada, o como yo la llamo, la puerta de salida.
Allí estaba Elisa, dos agentes de seguridad y un chaval esposado. Supuse que era otro interno que también vendría a nuestro centro.
- Gorka, este será tu compañero de celda, Alfonso. Alfonso, este es Gorka, enséñale el centro por favor.
Me quedé petrificado. Era un chaval, no tendría más de 20, 25 como mucho. Muy delgado, con barba, unas oscuras ojeras, y cara de no haber roto un plato en su vida.
- Hola Gorka, encantado.
No tenía cara de delincuente desde luego. Ni de padecer depresión alguna. De hecho tenía el semblante serio, pero no parecía ser un chico serio en absoluto. Tenía pinta de ser incluso gracioso, animado. No me esperaba nada parecido. Así sería más fácil, o al menos eso creía yo.

Durante el primer día no soltó más que monosílabos. No hablaba, no me miraba. Se quedó tumbado en su litera prácticamente todo el día. Yo, siguiendo las indicaciones de Elisa, no le quitaba ojo, pero tampoco le quise agobiar con las múltiples propuestas que tenía planeadas. Simplemente fui amable, le enseñé el centro e intenté iniciar alguna conversación sin éxito alguno.
El segundo día, cuando regresó de la terapia con Elisa, me habló.
- Esa Elisa es una pedante
Tenía una voz muy grave, de hombre.
- Si, la verdad es que si.
Le conteste con una sonrisa en la boca. Aprovechando su iniciativa, aproveché para ver si podía comenzar un diálogo.
- ¿Qué tal ha ido?
- Bien, bien, a pesar de que no entiendo la mitad de las palabras es simpática.
Deduje que no tendría estudios.
- Si, Elisa es una buena psicóloga.
La conversación se detuvo por unos instantes. Gorka la reinició con un tono aún más grave.
- Oye Alfonso. ¿Tú porqué estás aquí?
- Asesiné a mi padre.
Después de unos momentos de desconcierto, por fin me miró a los ojos. En la mirada existía algún tipo de brillo.
- ¿Cómo fue?
- Mi padre me pegaba día sí día también. Yo tenía muchos problemas, básicamente mentales. No estaba muy bien de la cabeza. Le maté y me entregué a la policía.
- Yo también he hecho cosas malas a gente.
- Lo sé.
- Fui el único delincuente de España de la noche del 23 de junio.
Aquello sí que me desconcertó, y eso que la conversación en general era todo menos convencional.
- ¿Cómo es eso?
- Violé a una chavala el día en el que jugaba la selección de España. Según dijeron los periódicos al día siguiente, fue el único delito que se registró en todo el país durante el partido de fútbol. Estaba toda España pendiente del televisor. Hasta los vagabundos seguían el partido desde fuera de los bares. Yo no soy futbolero, soy un violador.
Sus dos ojos se clavaron en mí como dos estacas. Era un chico especial, de eso no cabe duda. Era frío. Y por primera vez pude intuir esos problemas mentales de los que me había precavido Elisa.

domingo, 19 de abril de 2009

LA SOMBRA (Segunda parte)

Los días siguientes pasaron rápidos, estaba bastante excitado con la novedad, pues no ocurrían cosas excepcionales muy a menudo. No hacía más que planificar y estudiar cómo debería actuar con él, qué podría hacer en caso de que se pusiera violento. Estaba un tanto asustado y bastante nervioso. Inquieto por el reto pero también, porque se me olvidó preguntarle algo crucial a Elisa. ¿Y si se suicidaba? ¿Y sí yo hiciera todo lo posible y aún así, ese tal Gorka se quitara la vida en un descuido?
Era una situación extraña, aunque también una oportunidad. Sabía que mi buena actitud rebajaría mi condena, pero nunca fui tan optimista. Un año. La idea me daba fuerzas para encarar cualquier situación.
Lo primero que pensé, en cuanto Elisa me habló de Gorka, era en recomendarle un poemario que a mí me ayudo mucho. Luego lo medité algo más, y llegué a la conclusión de que quizás la poesía no sea un atractivo para un violador de menores despiadado. Así que opté por idear diversos planes, y sobre la marcha, ir escogiendo unos u otros. Estaba planificando todo un calendario de actividades para nuestro peligroso nuevo amigo.
Seguía las recomendaciones de Elisa, que también me insistió en no interrumpir si el preso hablaba, en escuchar siempre y con atención, o al menos fingir que se la prestaba. Sobre todo en los primeros días. También me dijo que nunca me despistara, que estuviera siempre “al loro”, y qué supervisara, sin que Gorka se enterara, los medicamentos que tomaba, cantidades y clases.
Agradecí sus consejos, pero lamenté que no me pudiera decir nada más sobre su caso, y sobre él. Me hubiera sido de ayuda saber algo sobre su vida, si tenía familia, su forma de ser, sus aficiones. Lo tuve que dejar todo a mi imaginación.
Gorka era en mi mente un hombre de cincuenta años. Desaliñado, sucio, y muy callado. De mirada huraña. Con la mente enferma. Gordo.

viernes, 17 de abril de 2009

LA SOMBRA (Primera Parte)

Al equipo y a mi particularmente nos ha encantado la actividad del otro día Alfonso, de verdad.
Siempre me pareció un tanto ridículo el que Elisa definiera a los carceleros como “el equipo”.
-Vaya, muchas gracias Elisa, ya estoy pensando en la siguiente.
Lo cual era verdad, iba a ser una sesión de sombras chinescas, nada espectacular, pero seguro que les gustaría. No eran muy exigentes.
-Muy bien, muy bien. Bueno, en otro orden de términos. Te tengo, bueno, te tenemos que pedir un favor. Ya se que no es lo normal, pero tenemos una relación que tampoco es la normal entre, ya sabes, entre psicóloga e interno.
-Vaya, estoy sorprendido. Puedes pedirme lo que sea.
Eso lo dije no muy convencido, y con una sonrisa exagerada en la boca. Estaba desconcertado.
-Verás, el lunes vamos a recibir a una persona de otro centro…un interno. No creo que hayas oído hablar de esto…me gustaría que fueras su, bueno, un…verás Alfonso, lo llaman “recluso sombra”.
-¿Qué? ¿qué es eso?
-Bueno, te explicaré todo lo que te puedo explicar, todo lo que sé. El interno que va a venir, Gorka, tiene un historial muy muy conflictivo. Él, él fue condenado por…violar a unas cuantas menores. Es agresivo y tiene tendencia a la depresión. Según todos los médicos consultados, está en un estado mental precario. Ellos temen que pueda intentar cometer un suicidio en la celda. Creen que es probable. La idea es ponerle en contacto con otra persona más sosegada. Con alguien que presente un perfil en el que tú encajas a las mil maravillas. Alguien que conozca bien el centro, que lleve muchos años aquí, que comprenda la situación y que colabore con el equipo del centro. De conducta intachable y de buen humor.
-Ya veo que me estás camelando.
-Alfonso, ya sé que a lo mejor no deseas hacerlo. Pero habrá recompensa si colaboras.
-Me sacaríais.
-En un año.
Un año. Se hizo el silencio. Ambos permanecimos mirándonos a los ojos.
-Qué tengo que hacer exactamente.
-Ser su sombra. Ayudarle, apoyarle, mejorar su estado de ánimo. Será hasta que recupere un poco la normalidad en su conducta.
Discurrieron cinco segundos en silencio.
-¿Pero es peligroso? Quiero decir, a lo mejor en lugar de suicidarse le da por quitarme a mi de en medio…o a hacer otra “cosa”…de todas maneras es un violador no…¿a cuánta gente a violado?
-No se sabe exactamente. Ni siquiera él lo sabe. Puede que más de diez.
Se hizo otro silencio. Intentaba pensar con calma.
-¿Y porqué no se lo llevan a un centro psiquiátrico?
-Bueno, eso son cosas del juez, no podemos hacer nada. Yo haré terapia con él a diario, más de dos horas al día. No tiene porqué ser tan difícil. Estoy segura de que con tu ayuda se pondrá en forma muy rápido.